"Este espacio está dedicado especialmente a la Sierra de Guadarrama, y uno de los objetivos será introducirse en la toponimia serrana. Quien esto escribe busca en las montañas toda la esencia que encierran; el paisaje, la historia, o la cultura, son elementos que uno considera inseparables y que forjan el sentimiento hacia la naturaleza, más alla del caracter meramente deportivo. Por ser una afición a la que dedico menos tiempo del deseado, que nadie busque aquí una referencia de esta Sierra, para lo cual hay otros medios y autores; solo se pretende mostrar rincones, y tratar de interpretar lo que se nos ha transmitido con el paso de los años. Pasen y lean con tranquilidad."

Pedriza Histórica, por el Collado de Valdehalcones

Cancho del Horno-Cruz del Mierlo-Canto de los Cedazos 15-12-2018

Interpretar y reconocer el paisaje, no es solo prestar la máxima atención a lo que ven nuestros ojos; hay un "paisaje latente" que no se capta con solo observar, la historia de sucesos, acontecimientos, o incluso leyendas, no esta labrada en los árboles ni en las rocas. Esa historia que forma parte del paisaje, es un proceso de aprendizaje de cada persona amante de la naturaleza y sus paisajes. Lugares hay en nuestra geografía que encierran una importante historia y cultura arraigada a sus paisajes, y La Pedriza de Manzanares el Real es un ejemplo de ello. Hoy nos hemos dedicado a recorrer un sector de La Pedriza, en busca de aquellos lugares que pioneros como Casiano de Prado, o Constancio Bernaldo de Quirós, dieron a conocer en los tiempos que La Pedriza solo era transitada por pastores y cabreros.

En 1921 se publicaba la primera guía de "La Pedriza de Manzanares el Real", la firmaba Constancio Bernaldo de Quirós en el anuario del Club Alpino Español de ese año. Constancio describió La Pedriza en su totalidad, los riscos y su composición, ríos y arroyos, canales, callejones, puertos y collados, las escaladas realizadas hasta ese momento, y muchas de sus sendas para recorrerla, así como leyendas y sucesos acontecidos entre sus canchales. Hoy en día, poco tiene que ver La Pedriza con aquella que nos narró Constancio, aunque siguen quedando lugares alejados de la masificación y popularidad, como es el llamado Collado de Valdehalcones, transitado principalmente por quienes dirigen sus pasos a la mítica Maliciosa por los Porrones, collado que fijaremos como uno de los objetivos del día, y que Constancio identificó como uno de los puertos de La Pedriza.

Para alcanzar el Collado de Valdehalcones, saldremos de la Ermita de San Isidro de El Boalo, y por la senda que Constancio dijo conocerse como "Trocha del Regajo del Horno", nos encaminamos a la visible depresión, bordeando a su vez los roquedos que forman el extremo S de la Cuerda de los Porrones (visible tenemos la Torreta de Los Porrones). Atentos a las palabras de Constancio, y minutos después de girar el camino al N, observaremos a la derecha del camino una roca con una oquedad, es el llamado Cancho del Horno, y que Constancio describió así: "...gran risco hueco que, a la derecha de la Trocha, cubre, caído sobre el suelo, un espacio perfectamente circular de unos tres metros de diámetro y más de medio de elevación; excelente refugio natural, abierto al Oeste, en cuya postrera lejanía se perfilan, en pálido azul, el arranque de la Sierra de Malagón y parte del circo de El Escorial..."

Cancho del Horno

En el interior del Cancho del Horno
Visto el curioso cancho "trepamos" por la empinada trocha hasta el Collado de Valdehalcones, lugar que además de unas inmejorables vistas sobre gran parte de La Pedriza, fue escenario de un acontecimiento que Constancio dejó reflejado en la guía. Cuenta el autor una historia que Ricardo Laforest escuchó de un pastor llamado Ambrosio Esteban, y que venía a decir como los bandidos llamados los "peseteros", y su jefe en concreto, secuestraron a una señorita hija de una familia aristócrata de Madrid, llevándola con la banda a La Pedriza; un día el jefe salió a "trabajar" y dejó al cuiadado de la dama a dos de sus hombres; deseosos de abusar de la joven echaron a suertes quien se beneficiaría de la joven; no conforme el "perdedor", acudió y entabló pelea quedando muerto uno de ellos. De regreso el jefe, decidió como castigo que el vivo acarrease al muerto hasta un cancho y arrojase el cuerpo al abismo. Al Cancho del Camposanto (o Cancho de los Muertos) acudieron a ejecutar el castigo, y tras arrojar el cadáver, el jefe apoyado por el resto de la banda, sentenció que el vivo debía morir también, y dióle un empujón, agarrándole el sentenciado al jefe de una pierna y cayendo los dos al vacío; tras esto la banda se disgregó y la joven quedó perdida por La Pedriza. Tiempo tardó en encontrarla un pastor de la zona conocido como "El Mierlo", que al conocer lo ocurrido llevo a la chica con sus padres a Madrid. Quisieron estos recompensarlo con casa y comodidades, pero el pastor prefirió volver a la sierra con su rebaño. Años más tarde El Mierlo fue muerto violentamente, en un collado señalado por Ambrosio, siendo el de Valdehalcones. Allí junto a una rocas, se puede observar una cruz formada con cinco piedras, indicadora del lugar donde pudo ser muerto El Mierlo.

Cruz del Mierlo
Tras parada obligada en la Cruz del Mierlo, y con la panorámica que desde el Collado de Valdehalcones se nos ofrece de gran parte de La Pedriza, iremos al encuentro del tercer objetivo del día. Para ello alcanzaremos la pista forestal más conocida como "de las Zetas", buscando en la otra vertiente del collado un sendero que hacia naciente bordea el pinar (habrá que rebasar la valla metálica en algún punto) hasta dar con una zona despejada y toparnos con un sendero transversal que por la derecha viene de la Senda de las Cabras, y que seguiremos a la izquierda, penetrando en pocos metros en el pinar; tras breve descenso damos con la pista forestal que seguiremos a la derecha en busca del Camino de Navalapuerta. Antes de enlazar con este camino buscaremos un canto que en los tiempos modernos ha perdido protagonismo, pero que para los "descubridores" de La Pedriza fue significativo por su estructura.

Vistas de La Pedriza desde el Collado de Valdehalcones
En el año 1864 el geólogo e ingeniero de minas Casiano de Prado publicaba la "Descripción física y geológica de la Provincia de Madrid" donde en el capítulo "Descomposición del granito" aparecía un característico bloque, que Casiano definió así:

Canto de los Cedazos. Casiano de Prado (Descripción física y geológica de la provincia de Madrid, 1864)

Para otro de los pioneros descubridores de La Pedriza como Constancio Bernaldo de Quirós, este canto no pasó desapercibido, y en la guía mencionada al comienzo dejó constancia de ello, así en el capítulo "El Relieve de La Pedriza" Constancio escribía: "...Interesante ejemplo de esta misma acción química son las pilas circulares de fondo plano, que en insólita abundancia se encuentran, mirando al cielo, en las rocas cimeras de la Pedriza anterior, singularmente, semejantes a cedazos, con los que las compara la fantasía de las gentes del país, en el canto llamado «de los Cedazos», sobre la ladera del Boalo, en el cual su colocación sobre un plano lateral hace sospechar un cambio de posición, por desequilibrio, de la peña..." Y en el número 1 de la revista Peñalara de octubre de 1913, adelantó Constancio un artículo titulado "El Canto de los Cedazos" donde incluía un fotografía realizada por su compañero de aventuras Almela Meliá, acompañando a un texto de una incursión realizada en septiembre de 1913, donde se muestra el Canto de los Cedazos

Canto de los Cedazos. Revista Peñalara, nº 1 octubre de 1913

No es fácil dar con el Canto de los Cedazos, su "olvido" y el estar fuera de rutas populares le ha restado protagonismo y visitas. Si a ello unimos las escasísimas referencias que hay de él, la búsqueda se presenta como un auténtico reto. Pero como "quien busca finalmente encuentra", conseguimos dar con tan escondida y olvidada piedra. El apartado paraje invita al reposo, y a sentirse en parte pioneros de tiempos más modernos, sabiendo que no somos los únicos en visitarlo, ya que por los alrededores detectamos "restos" de presencia humana, una vuelta por la zona nos descubre restos de un cercado de mampostería de una posible antigua majada, y las ruinas de lo que pudo ser un chozo.

Canto de los Cedazos

Ruinas de posible chozo

Con plena satisfacción, abandonamos el Canto para cerrar un circuito tan poco habitual como lleno de historia de descubridores de esta enigmática y singular Pedriza.

NOTA DEL AUTOR: No doy la localización exacta del Canto de los Cedazos, ya que corren tiempos que los "amigos del spray" les da por dejar su "obra" por estos roquedos, y aunque no soy partidario de los "secretismos" más vale no darles ideas. Sería muy triste saber que un día han ultrajado este canto y parte de la naturaleza.

BIBLIOGRAFÍA

"Descripción física y geológica de la provincia de Madrid". Casiano de Prado, 1864

"La Pedriza de Manzanares el Real". Constancio Bernaldo de Quirós, Anuario del Club Alpino Español, 1921

Revista Peñalara. Número 1 de octubre de 1913

Texto y fotografía de Rafael Rodríguez

4 comentarios:

  1. Un saludo desde Cádiz, Rafa.
    Interesante artículo de arqueología montañera. Yo también me estoy volviendo reacio a dar a conocer ciertos lugares, pues hay demasiado vándalo suelto, por desgracia.
    Muchas gracias por el reportaje, lo he conocido a través de Cacarlos Manzanares (su apodo en la red Fb).
    Salud.

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    1. Hola Franeto...Me alegra que te haya gustado, y es triste volverse reacio en divulgar parajes, pero en vista de los tiempos que corren, de la falta de respeto hacia lo que es en parte de todos, uno se muestra muy reticente a dar ciertas localizaciones.
      Muchas gracias desde Madrid, y un saludo
      Rafa R

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  2. Hola Rafa, qué bien me parece que hayas retomado la "senda de la escritura", pues ya echaba de menos tu erudición y tus atractivas notas de ciencia y naturaleza.

    Aprovecho para, desde aquí, desearte una buena salida y entrada de año.

    Un abrazo

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    1. Hola Carmar. Gracias por tus palabras. Uno intenta sacar tiempo, pero hay tanto que hacer y atender. Yo también te deseo unas felices fiestas, y un 2019 con mucha salud y muchas montañas. Un abrazo

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